viernes, 13 de diciembre de 2013
Los ojos se cierran solos y las sombras de la noche aparecen cautelosas
como preocupadas de que no las detecte con facilidad
después de las 3 de la mañana las leyes son distintas
ya nos conocemos...
El tiempo pasa como en tu mejor cumpleaños de infancia.
No te diste ni cuenta y soplaste las velas, abriste los regalos y se fueron tus amigos.
El único recuerdo es un dolor en las mejillas después de tanto reír y un desorden en tu pieza.
Pero ahora eres vieja y estas despierta trabajando,
haciendo hueás que no quieres.
Eso es ser adulta, hacer todo el día hueás que no quieres
y recordar constantemente lo que era la libertad del colegio
con una nostalgia ingenua...
porque luego notas que ahí también te sentías prisionera...
que te querías quedar acostada y tu vieja no te dejaba...
Entonces te das cuenta que tristemente toda tu vida ha sido vivir bajo reglas culeadas.
y lo piensas, lo piensas de verdad, podrías buscar un poco de plata, tu mochila, tu libro favorito, un par de calzones, agua, que se yo, irte, piensas en bajar las escaleras del edificio e irte, no decirle a nadie.
sin escribir ni una carta de despedida, nada.
Pero no puedes, tienes familia y los quieres, ellos te quieren, simplemente no puedes y te aguantas.
Algunas noches fantaseas con la idea de marcharte y ser feliz (?)
no lavarte el pelo todos los días y menos depilarte, pero claro, es una fantasía solamente, te sigues levantando a las 7 de la mañana, sigues con ganas de dormir, sigues cerrando los ojos y pensando en esa vida que pudiste tener, pero claro, tienes 22 años y es un poco tarde, ¿Tarde, con 22 años? claro, recuerdas que tenías 19 y ya eras todo lo que nunca quisiste ser, pero seguiste, siempre sigues, no tienes el valor de irte, de hacer las hueás que quieres, porque claro, a alguien vas a dañar, pero que sentido tiene pasar la vida complaciendo al mundo?...
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